Sobre la identidad sexual
II a- LA IDENTIDAD SEXUAL:
Quiero encarar este punto con una idea clara, la identidad sexual es algo que tiene que ver exclusivamente con la cultura, y no tiene nada que ver con el ámbito genético.
Las identidades sexuales no son algo que emana de la biología ni de lo puramente individual, sino que es algo construido dentro de una sociedad en particular.
Todos los seres humanos nacemos con un sexo determinado por características anatómicas, nacemos con un pene o con una vagina. Pero a través de un proceso identitario definiremos nuestra identidad sexual, en ello estará implicado variantes culturales, psíquicas y biológicas.
Por ejemplo, hay personas que nacen con un sexo catalogado de varón, pero esa persona puede a lo largo de su desarrollo social, psíquico y biológico llegar a sentir deseo sexual con una persona de su mismo sexo, o sea homoerotismo, o llegar a pensar que su sexo genético no corresponde a su identidad de género, y verse a si mismo como una mujer. Así se irá conformando su identidad sexual, la manera como las personas se sienten, relacionan, comunican y expresan como seres sexuados. Es una necesidad fundamental y constituye el paso entre el “qué somos” y el “quién somos”.
Cada identidad sexual tiene que ver con su propia orientación sexual, nuestra manera de buscar el placer sexual nos hará identificarnos sexualmente, pero no solo como hombre/mujer o homosexual/heterosexual, ya que estos binarismos son categorías acotadas para algo tan amplio como la sexualidad.
“Hay que arrebatar la sexualidad y las identidades sexuales del campo de lo natural, de lo dado (...) para llevar la sexualidad al terreno de lo social, y dado que lo social está atravesado por el poder, al terreno de lo político ...”
Hoy en día no podemos seguir pensando que la genitalidad nos confiere una identidad sexual precisa, ya que sabemos que en la conformación de una identidad sexual priman factores culturales y psicológicos.
“Toda identidad es un efecto de una relación de poder por la cual determinadas posibilidades son reprimidas o excluidas para poder afirmar y estabilizar otras”...(Laclau, 1990).
Si aceptamos que estamos dentro de un patriarcado heterosexista, que promueve las diferencias de Género, la sumisión de la mujer y la homofóbia, nos daremos cuenta el porque de las identidades sexuales estigmatizadas.
Minimamente tenemos estos elementos a considerar como constituyentes de la identidad sexual:
El sexo del sujeto, Esto tiene que ver con la diferencia física constitutiva natural del hombre y de la mujer, y por lo tanto con los componentes biológicos y anatómicos.
El género, está determinado por los aspectos psicológicos, sociales y culturales de la feminidad y la masculinidad . Este es uno de los componentes mas complejos.
El rol del genero como hombre o mujer dentro de un determinado marco social-cultural, político y religioso determinado.
La sexualidad, al ser una construcción cultural, ha ido evolucionando a lo largo del tiempo y en las diferentes culturas, por eso para cada cultura lo “sexual” difiere. “En nuestra sociedad existen múltiples maneras de definir lo sexual, y esas múltiples representaciones en gran medida están influidas por diferentes tradiciones de reflexión, tales como la biología, la medicina, la religión, la psicología, la antropología, la sociología, así como movimientos sociales (de corte feminista, artísticos, gay, lésbicos y bisexuales)...” La sociedad occidental, marcada por la tradición judeocristiana, fue evolucionando en su manera de ver la sexualidad. “El francés Michel Foucault (1988) comenta como, por ejemplo, lo que consideramos sexual va cambiando y ampliándose en los últimos trescientos años, y como esa paulatina transformación está asociada al surgimiento en Occidente de un nuevo objeto de discurso: “la sexualidad”. De ser una dimensión biológica (genital-reproductiva principalmente), se convierte también en un fenómeno mental (psiquiátrico) y subjetivo (psicoanalítico).”
La identidad sexual de cada individuo se forma de acuerdo a diferentes marcos culturales y subjetivos, pero siempre dentro de un contexto social especifico, “nuestra existencia sexual está desde ya condicionada por una serie de valoraciones (...) no existe, por decirlo así, una existencia sexual que no haya sido construida en un contexto social y en la exposición constante a la acción de las representaciones sociales...”

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